martes, 6 de mayo de 2014

¡NADA ES LO QUE PARECE!

Era sábado por la mañana, el despertador sonó y, como todos los fines de semana, Ana y su hermana tenían que ir a casa de sus abuelos.
Era un sábado normal, común y corriente, salvo por el pequeño detalle de que Ana tenía un mal presentimiento… Últimamente en su ciudad y en su zona más aún, se habían producido numerosos robos. Ana decidió activar la alarma y la cámara de seguridad para poder ver lo que ocurría en su casa mientras ella estaba ausente.
El fin de semana transcurrió normal y la alarma no saltó, pero al revisar las cintas, Ana se llevó una sorpresa. Todos los objetos sin vida de su casa, durante todo el fin de semana, cobraron vida. Ana pudo observar en la cinta que sus libros ahora miraban la tele y que su vajilla tomaba el sol por la terraza.
Ana se lo contó a sus amigos pero estos no la creyeron, incluso su hermana la tomó por loca. Intentó enseñarles las cintas de vídeo, pero misteriosamente habían desaparecido. Ana acabó en un psiquiátrico con la certeza de que… ¡Nada es lo que parece!
Camila, 4ºB

LA NOCHE DE SAN JUAN


Era San Juan, la noche de San Juan, y junto a mis amigos habíamos decidido ir a robar unos cuantos carros.
En la iglesia, que era el lugar donde habíamos quedado, no había un alma. A las dos en punto arrancamos. Primero pasamos por la casa de unos vecinos que no me caían muy bien y les cogimos dos carretillas y el portal que tenían frente a la casa. Más tarde, a eso de las 4, decidimos volver. Ya habíamos robado a casi todo el pueblo, así que regresamos.
Ya en casa oí unos ruidos muy intensos que salían del campanario; justo donde habíamos dejado los objetos robados. Y me acerqué a ver lo que pasaba. Al llegar comprobé como los portales, carretillas, mesas y demás trastos habían cobrado vida y se dirigían a sus respectivas casas. Creo que fui el único en verlo, por eso decidí no contar nada y olvidar como si nunca hubiese pasado. 
Andrés, 4º A

LO DESCONOCIDO DE MI CAJÓN

Me fui a cama temprano porque estaba agotado; durante la noche tuve unos sueños que en ese momento me parecieron muy extraños, pero ahora entiendo perfectamente.
Estaba dentro del cajón de mi mesita de noche, rodeado de cosas que tenían su propio mundo organizado. Mi cartera contenía ruedas que eran monedas de dos euros y las llaves de casa caminaban y eran mucho más altas que yo. Mejor dicho... todo era más alto que yo, que medía como una moneda de veinte céntimos.
Como era tan pequeño, casi ni me veían y me tiraban todo el tiempo. Me hacían sentir igual que se deben sentir mis cosas en mi mundo y no me gustó. Sé que no volveré a tratar nada con desprecio; porque recibes lo que das.
Ya por la mañana, cuando desperté, lo primero que hice fue mirar en el interior de mi cajón y allí estaba: un pequeñísimo muñeco idéntico a mí. ¿Sería mi otro yo?
Manuel, 4ºC

MIENTRAS DORMIMOS...



Llegué a pensar que necesitaba una mochila mayor para mis cosas de clase, que crecían de forma descontrolada; pero ahora me lo explico todo.
Esta noche he descubierto el secreto; sobre las cinco de la mañana mis cosas se despiertan, se van a la cocina y allí hacen fiesta. Comen, bailan y comentan la jornada.
El más fiestero es el estuche, que se abre y come como un tragón; pero la carpeta de anillas no quiere ser menos y lo acompaña en su aventura. ¡Ahora entiendo sus tamaños!
Menos mal que el aguafiestas del despertador hace que a las siete todo vuelva a la normalidad.
Gracias a él conozco el remedio a la situación; si quiero mantenerlos a dieta para que mi espalda no se resienta, tendrá que sonar cada hora. Se convertirá en mi aliado.
Iria, 4ºC

MIENTRAS DUERMES...

La noche del pasado sábado no transcurrió como de costumbre. Al irme a acostar hice todos los requisitos que hago día a día (lavarme los dientes, dar las buenas noches a mis padres…).Pero no fue una noche cualquiera.
Todo transcurría con normalidad, pero, de repente, escuché un ruido procedente de la librería del salón. Al principio no le hice mucho caso , pero el ruido no cesaba y yo cada vez sentía más inquietud. Tomé una decisión rápida y decidí levantarme, pero justo al cruzar la puerta del salón el ruido cesó.
Sorprendido me acerqué a los libros que estaban en la zona que originaba el ruido y me quedé boquiabierto. ¡Estaba seguro de que no estaban colocados de la forma en la que yo los había dejado la tarde anterior! 
En un principio pensé en la posibilidad fantástica de que los libros cobraran vida durante la noche, pero acabé optando por el hecho más probable: todo aquel ruido había sido fruto de un agradable sueño. 
Pablo, 4ºC

NOCHE SUSURRANDO

Cada vez que Yago se acostaba, su habitación cobraba vida. Él ignoraba todo lo que ocurría mientras dormía. Sus libros despertaban, bajaban de las estanterías, donde se pasaban todo el día, y se divertían charlando entre ellos, pero siempre en voz baja, susurrando. Los más grandes le enseñaban a los pequeños cómo hacerlo sigilosamente. Los lápices, rotuladores y bolígrafos organizaban carreras, rodaban por el suelo del cuarto. Siempre con cuidado de no despertar a Yago. También sus viejos bloques de construcción se unían  a la fiesta nocturna, competían para ver quién podía hacer la torre más alta.
Cuando las primeras luces del día amenazaban asomándose por los huecos de la persiana, todas las pertenencias de Yago volvían a su sitio original y el chico se levantaba sin poder imaginarse, ni por un instante, todo lo que ocurría por la noche en su habitación, siempre en un susurro.
Nuria 4ºB

PEPITA

Pepita se porta mal con sus compañeros de escritorio, porque nunca hacen lo que ella manda.
Pepita la grapadora, Eustaquio el bolígrafo, Jeremías la goma y Tom el tippex viven con Ana, Miguel y su hijo Jorge. Todos pueden hablar y moverse con autonomía propia, pero sólo lo hacen cuando la casa está vacía para que nadie los vea.
Pepita siempre se molesta con sus amigos vecinos, porque cuando ella quiere jugar, ellos no quieren y viceversa y, al final, siempre acaba lanzándoles grapas, con el consiguiente enfadado. 
Al final, un día Jorge se llevó a Pepita a clase porque necesitaba grapar unas cosas y se la olvidó en clase; al día siguiente cuando volvió ya no estaba, alguien la había robado. Nunca más se la volvió a ver y en el fondo sus compañeros de escritorio se quedaron muy tristes. 
Enrique, 4ºB